¿De qué crisis hablamos?

La denominada crisis de la que se habla en estos días, no es producto de la pandemia, sino de las medias restrictivas dictadas por los gobiernos neoliberales.  A la población se le aplican toques de queda, colas, prohibición de concentraciones, prohibición a los mercados locales, controles y cordones sanitarios. La mal llamada economía informal, es un sector económico en disputa.  A los capitales corporativos se le aplican otras medidas, acceso a créditos del Estado, libertad de locomoción, beneficios fiscales, acceso a licitaciones del Estado y ventas millonarias, bajo excepciones a los procedimientos de compra.   La política de éxito, es mantenernos aislados, mientras los capitales corporativos fluyen a su antojo. 

La evolución de la pandemia se ha expandido desde los grandes centros de intercambio, hacia las denominadas periferias. Ahora los principales focos de contagio han sido las principales ciudades del país, los más poblados. La pandemia aún no ha llegado a los territorios rurales, con mayoría de población indígena. Los pueblos indígenas que viven en condiciones de pobreza y exclusión, son quienes tienen menores posibilidades de acceso a atención médica, ni estatal ni privada.  Cuando la pandemia llegue a los poblados rurales, los hospitales temporales ya estarán saturados.

En unas semanas más, los efectos de la pandemia no estarán determinados por casualidades, sino por causalidades, que están determinados por la desigualdad social y el racismo estructural. En este Estado Finca, los privilegios siguen siendo para las clases sociales medias y altas.  La oligarquía baila en esta coyuntura. Se evidencia del éxito de los intereses corporativos hacia el Estado. Esa disputa permanente por la privatización de los servicios de salud, es hoy una política de éxito.

En el lenguaje cotidiano, se habla de volver a la normalidad, cuando en realidad, ésta es la nueva normalidad. Estas son las nuevas políticas económicas.  Son las nuevas reglas de juego, que ya hemos vivido por más de 8 semanas, 55 días, 1320 horas para ser exactos. Y cada hora, estas políticas económicas están enraizándose.

La entrega de alimentos que el gobierno ofrece a los asentamientos urbanos y el ofrecimiento de ayuda social a la economía “informal”, no son programas para cumplir ese fin, son solo un muro de contención para prevenir un próximo estallido social.  

La verdadera crisis que la pandemia ha desnudado, es la que los movimientos sociales han advertido por varias décadas. La incapacidad del Estado para atender a sus ciudadanos, con instituciones sólidas de salud, a mediano y largo plazo. 

Las políticas están encaminadas a Reducir al Estado a su mínima expresión, para que su función sea únicamente regular los mercados. ¿La salud? ¡Eso que lo resuelva cada quién como pueda! Con seguros para los estudiantes, dice el Ministro de Educación, pagados con 720 millones de los fondos del pueblo, para beneficiar al mercado de los seguros privados. Al final será mejor ver morir a una nación, que invertir en Institucionalidad Estatal. ¡Si este Estado no fue creado para eso! Este estado de 199 años, incapaz de dar protección social, fue creado para resguardar los intereses de la Finca.  Y esas políticas están dando frutos. Por eso pregunto, ¿De qué crisis hablamos?

Losh Lainez / Miembro de la Dirección Política del CPO  

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