12 noviembre, 2019

¡Nuestro profundo respeto y admiración a las abuelas de Sepur Zarco!

¡Levantemos nuestros sueños!

¡Esa es la mejor lucha para detener la violencia contra las mujeres indígenas!

¡Nuestro profundo respeto y admiración a las abuelas de Sepur Zarco!

 

 En este mes de febrero nos sumamos al reconocimiento de la histórica lucha que desde hace tres años comenzaron las abuelas de Sepur Zarco para acceder a la justicia.  Hace unos pocos meses, la Corte de Constitucionalidad dejó en firme la sentencia que el Tribunal de Mayor Riesgo “A” dictó en febrero de 2016 en contra de dos oficiales del Ejército, por someter a esclavitud sexual a más de 20 mujeres q’eqchi’ de la aldea Sepur Zarco, en El Estor, Izabal, colindante con Alta Verapaz.

 

Una vez más, las mujeres mayas q’eqchi’ fueron convertidas en botín de guerra

 

En 1982 se estableció un destacamento militar en esta aldea por petición de familias terratenientes, las que buscaban atacar a los comités de tierra que se estaban organizado para defenderse de los despojos de tierras hechos por esas familias. Otro gran genocidio se cometió en esa zona. La mayoría de hombres de la aldea fueron asesinados y, una vez más, las mujeres mayas q’eqchi’ fueron convertidas en botín de guerra: fueron sometidas a trabajos forzados, humilladas y violadas sistemáticamente durante mucho tiempo.

 

La reciente resolución de la Corte de Constitucionalidad reconoce la justicia hecha en el 2016

 

La reciente resolución de la Corte de Constitucionalidad reconoce la justicia hecha en el 2016 por el Tribunal de Mayor Riesgo “A”, liderado por la jueza Jazmín Barrios, al admitir que el ejército de Guatemala también cometió esclavitud sexual, un crimen de guerra reconocido internacionalmente. Por eso también expresamos nuestro profundo respeto y admiración hacia las abuelas de Sepur Zarco, quienes lograron en este juicio unas mínimas medidas reparadoras frente a los graves daños que el ejército les hizo. El Estado deberá crear un centro de salud, una escuela pública de primaria y secundaria, becas para poder estudiar y la restitución de los terrenos que fueron robados durante esos años.

                                                   

Las mujeres mayas tenemos derecho a nuestra vida

 

Con esta decisión se concede un gigantesco valor a la gran verdad denunciada por las 11 abuelas sobrevivientes de Sepur Zarco y por las abogadas y psicólogas de la Alianza Rompiendo el Silencio y la Impunidad.  Esa gran verdad es la siguiente: las mujeres mayas tenemos derecho a nuestra vida, la vida sana de nuestros cuerpos, la vida libre de nuestras comunidades, la vida plena de nuestras tierras. Detrás de estos abusos del Estado guatemalteco se muestra la gran verdad histórica en la que aún hoy vivimos las mujeres indígenas: se nos impone un sistema de violencias que provocan la negación absoluta de nuestros derechos y nuestros sueños.

 

Nos impone patrones de vida que no son compatibles con la vida que soñamos para nuestras comunidades

 

Nosotras creemos en la dualidad de funciones de las mujeres y los hombres y también tenemos muchas historias sobre la complementariedad de funciones entre mujeres y hombres. Juntos, mujeres y hombres, hemos logrado sobrevivir y cuidar nuestras vidas y las vidas de nuestras comunidades, a pesar de las estrategias de exterminio y asimilacionismo que el Estado nos ha impuesto.  También sabemos que este dominio nos divide. Nos impone patrones de vida que no son compatibles con la vida que soñamos para nuestras comunidades, porque recrudecen el machismo, el alcoholismo, la victimización, el miedo y muchas violencias que nos destruyen.

 

Todavía hoy la opresión contra las mujeres mayas es fuente directa que nutre la concentración de riqueza y de poder de este sistema de dominio. Nos han despojado de espacios públicos para la salud, la educación, la recreación, la justicia, el trabajo. Por todas esas injusticias, debemos seguir el ejemplo de las abuelas de Sepur Zarco y luchar por nuestros sueños, por nuestros deseos de vivir bien y en paz.  Tenemos que convertir nuestros sueños en realidades y derechos realmente gozados. Por eso decimos:

 

1)  No más exclusión. Soñamos con la igualdad de oportunidades. Defendemos nuestros saberes. Pero queremos un horizonte real para fortalecerlos, educarnos, potenciar nuestras capacidades, estar informadas, desplegar nuestras artes y echar a andar con libertad nuestros proyectos de vida.

 

2)  No más hambre. Soñamos con la salud alimentaria. Defendemos nuestra justicia ambiental. Soñamos con territorios sanos, con agua y bosques florecientes, con sostener nuestros sistemas alimentarios y productivos; proteger y promover las semillas ancestrales; sin despojos ni mercados abusivos, priorizando nuestra alimentación y salud, y con pleno acceso a recursos técnicos y financieros bajo nuestro control.

 

3)  No más servidumbre. Soñamos con acabar el racismo. Deseamos que Guatemala nos respete y considere iguales  en valor, dignidad y derechos. Las mujeres indígenas no vamos a tolerar mas abusos que nos colocan como inferiores, marchantas, sirvientas, ni mercancías folclóricas. Exigimos una gran transformación cultural y mental en todos los espacios para que no se reproduzca el racismo, para que los pueblos indígenas tengamos la libertad de movernos con libertad, usar nuestros idiomas y nuestros medios de comunicación sin ningún tipo de trabas y censuras.

 

4)  No más violencias. Soñamos con territorios y cuerpos libres de violencias. Queremos una vidaen paz, en armonía, en complemento unas con otros.El ejército debe salir de nuestros territorios porque nos persigue y controla para defender a mafias y trasnacionales. Tampoco vamos a permitir las violencias de los mercados corporativos porque destruyen la vida de la Madre Tierra. Queremos modificar las costumbres indígenas que nos causan violencia. Por eso, tampoco queremos hombres ni esposos que nos controlen, dominen, maltraten y no ayuden al cuidado de la vida familiar.  Tenemos derecho a elegir qué tipo de pareja queremos y también tenemos derecho a denunciar y no consentir situaciones que afecten nuestra dignidad. No queremos líderes que nos quiten nuestra voz, ni usurpen nuestro propio liderazgo.

 

5)  No más despojos. Soñamos con acceso a la tierra y a recursos para nuestra autonomía económica.  Defendemos nuestras tierras comunales, así como las formas de organización que tenemos en nuestros territorios para gobernar y cuidar el uso de  los bienes naturales. No vamos a permitir más despojos de tierras, ni de trabajo. También queremos cambiar las costumbres indígenas que no dan derecho a las mujeres a la tierra, a la herencia, a la educación y a decidir sus trabajos. Queremos igualdad de derechos económicos entre mujeres y hombres.

 

6)  No más silencio ni miedo. Soñamos con ser libres y representarnos por nosotras mismas. Defendemos el derecho a vivir sin dolor, miedos, inseguridades, tristezas, angustias, resentimientos y silencios. No queremos dejar de ser nosotras mismas para que otros nos acepten. Tenemos derecho al placer, al descanso, a la alegría, y a cuidar nuestro cuerpo, nuestro espíritu, nuestros derechos sexuales y reproductivos. Vamos a levantar nuestros propios espacios para sanarnos y ayudarnos; y vamos a re-conocer y levantar nuestros liderazgos y nuestra autoridad. Defendemos los derechos de las niñas, jóvenes y ancianas, de las tejedoras, de las comadronas, de las sanadoras y de las educadoras, así como respaldamos y apoyamos sus formas propias de organización. Defendemos los derechos de las autoridades ancestrales que son mujeres para que se les trate como iguales y se respete su voz.

 

7)  No más negación ni prohibición. Somos parte de los pueblos originarios y tenemos derecho a nuestra identidad, al autogobierno y a la libre determinación. Declaramos nuestra rebeldía contra el Estado racista, capitalista, patriarcal y depredador. Ese Estado ha organizado por siglos un sistemático etnocidio, matando y humillando a millones de mujeres indígenas por falta de acceso a la salud, al alimento, al trabajo libre y digno, a la justicia y a la educación. Todos los derechos han sido negados y regateados a las mujeres indígenas: sólo así han logrado someter a nuestros pueblos. Defendemos nuestros derechos individuales y colectivos como mujeres de los pueblos originarios. Llamamos a levantar nuestro autogobierno. Vamos por una nueva Constitución Política para empezar a construir nuevas formas de democracia, desde lo comunitario hasta lo plurinacional.

 

 

¡Levantemos nuestros sueños como mujeres mayas!

¡No más despojos! ¡Transformemos los espacios públicos!

¡Mujeres y hombres mayas unidos para cambiar de raíz este Estado criminal!

 

Consejo del Pueblo Maya -CPO-

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